Un hondureño o un guatemalteco, debido a su rasgo, religión e idioma, tiene más legitimación para residir en nuestro país que un haitiano con una cultura que apenas coincide con la nuestra. No obstante, no promuevo la migración de terceros cuando una parte significativa de nuestros connacionales se encuentra en la pobreza y el Estado no puede asegurar condiciones de vida sostenibles para la afluencia de migrantes a nuestra tierra.
La mayoría de los ciudadanos mexicanos consideran a los haitianos como un flujo migratorio indeseable. Claro que son valorados por su trabajo, pero no son tan distintos a cualquier otro extranjero que busca ganarse la vida en nuestro país. Haití no es un país indoibérico, ni forma parte del conjunto unitario que nos une a los otros países de ascendencia similar de América, por lo tanto, no tenemos nada en común con ellos. Se puede apreciar que los haitianos se han extendido por toda América debido a la inestabilidad sociopolítica de su país, pero ni siquiera en esos países se les quiere, por ejemplo, Chile y la República Dominicana. Una marca imborrable en nuestra América.
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