Si algo aprendí después de salir de un episodio de depresión durante el encierro en pandemia, es que la "felicidad" que nos venden no existe.
Pasamos toda la vida buscando esa "felicidad" y terminamos muriendo sin alcanzarla.
No necesitas hacer grandes cosas, salvar al mundo, descubrir una cura para el cáncer o tener chingos de propiedades, dinero, posesiones materiales.
La felicidad puede ser algo tan sencillo como sentir el calorsito del sol en la mañana, sentir el viento en la cara, escuchar a los pájaros cantar, sentir la almohada suave al dormir o poder platicar con tus papás que aún viven. Esto te permite ser agradecido por estar vivo y disfrutar las cosas pequeñas.
Este mundo nos ha hecho creer que está mal con aspirar cosas sencillas. Siempre hay que estar haciendo en otra cosa, en otro lado. Siempre los demás parecen más felices, siempre los demás parecen vivir al máximo. Pareciera que todos tienen mejores trabajos, mejores parejas, mejores cuerpos, mejores familias, mejores ingresos, mejores vidas. Eso es mentira.
El detalle es y siempre será: "¿Qué quieres hacer?, ¿Qué te gusta hacer?"
Podrás tener un trabajo culero pero si te hace sentir vivo ir a los bolos, ve a los bolos.
Podrás tener una familia disfuncional pero si componer música te permite desahogarte, hazlo.
Podrás tener una vida estresante y difícil pero si meditar un poco alivia tu estrés, no dudes en hacerlo.
Un paso a la vez. No tiene nada de malo vivir una vida tranquila y pacífica.
Te recomiendo una película, se llama Perfect Days de Wim Wenders, vela, no te arrepentirás.