Son “troyanos sin destino”, niños que no han experimentado el amor y el abrazo de su tribu, y que como adultos, buscan compensar esa soledad y rechazo de manera desesperada, como la destrucción de su entorno. Hay un proverbio, según eso africano: > “EL NIÑO QUE NO SEA ABRAZADO POR SU TRIBU, CUANDO SEA ADULTO, QUEMARÁ LA ALDEA PARA PODER SENTIR SU CALOR”
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