Jamás comprenderé a los pedófilos, imagínate acariciar esos suaves culitos vírgenes, poder abrir una dulce y pequeña vagina, penetrarla sintiendo como eres el primero en abrirla y romper su delicado himen, escucharla sollozando por el dolor mientras, tu, como una bestia la empalas sin piedad...
No sé cómo alguien se pondría con pensar esa clase de cosas
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