Este año visité San Miguel de Allende. No lo negaré, fui hypeado pero fue una tremenda decepción. Solo hay iglesias a medio derrumbarse y restaurantes con comida sobre costo. La catedral eso si, respetos. Su arquitectura resalta y es digna de admirar pero no hay nada más.
Los pocos museos con los que contaba el lugar los convirtieron en cafeterías y bares. El único sitio que genuinamente me fascinó fue "La casa del nigromante", un convento donado por la madre administradora que era hija de un empresario local que gustaba de las bellas artes. Debido a lo anterior, en las paredes del interior del sitio hay murales de José Clemente Orozco y Siqueiros además de tener exposiciones ambulantes durante todo el año.
Otra decepción fue real de catorce. Además de que es caro visitarlo, no se puede caminar. Todo está lleno de turistas y los carteristas pululan. Posiblemente la mayor trampa para vacacionistas.