ElDespelucaAbuelitas777 inicio esta discusión hace más de 2 meses#4,084
A lo largo de mi vida, he experimentado situaciones poco comunes relacionadas con el sueño y la percepción. Desde niño, me enfrenté a la parálisis del sueño y sensaciones que en ese entonces eran inexplicables. A medida que he profundizado en la búsqueda de sentido en mi realidad, recordé una experiencia de cuando tenía aproximadamente 3 o 4 años. Durante ese tiempo, mis sueños no parecían más que percepciones distorsionadas de lo que ocurría a mi alrededor. Recuerdo, por ejemplo, estar acostado en un sofá de tela verde, con el aroma y la textura grabados en mi memoria. En ese estado, los sonidos adquirieron un tinte metálico y mi percepción visual se amplió en lo que ahora identifico como una sinestesia consciente, una forma de "ver" en múltiples direcciones al mismo tiempo.
Esta vivencia no fue aislada. A los 9 años, mis experiencias durante el sueño comenzaron a incluir una sensación de caída hacia mi interior, que desencadenaba escenarios vívidos. En una ocasión, me vi cayendo en medio de una selva, adoptando la perspectiva de una arqueóloga que huía por un pasillo lleno de trincheras junto a su compañero. Recuerdo criaturas con forma de arañas, cuyas patas articuladas se conectaban a una cabeza humanoide. La sensación era tan vívida que me sentía consciente de ambos personajes a la vez. Sin embargo, cuando caí nuevamente en una de las trincheras, sentí que mi percepción se desconectó abruptamente, devolviéndome a mi propia perspectiva.
Con el tiempo, estas experiencias evolucionaron, volviéndose un ciclo que durante mucho tiempo intenté comprender. A medida que investigaba sobre estados superiores de conciencia y técnicas de meditación, comencé a notar un patrón: estas experiencias se intensificaban cuando mi respiración alcanzaba un punto de relajación extrema, al borde del paro respiratorio. Esto me llevó a experimentar con diferentes ritmos de respiración que ahora utilizo como herramientas para acceder a estados introspectivos más profundos.
A través de este proceso, también comencé a estudiar diversas ciencias y filosofías, lo que me permitió desarrollar un entendimiento más amplio sobre la realidad. Gracias a mi familia, especialmente a mi madre, que en el momento de mi nacimiento estudiaba medicina y ciencias de la educación, tuve acceso temprano a conocimientos sobre anatomía, el cerebro y la biología en general. Con el tiempo, mi interés se expandió hacia temas como la física, la química, la astrología y la filosofía, lo que me brindó una mayor comprensión de los conceptos que rodean la existencia.
Recientemente, he estado reflexionando sobre mi identidad y el origen de mi arte, buscando respuestas en una profunda investigación introspectiva. He llegado a lo que llamo "el dorado", un concepto que también puede describirse como "iluminación", "trascendencia" o "magia". Al intentar comprender lo infinito, el tiempo, la física cuántica y otros dilemas de la realidad, me di cuenta de que todos estos conceptos escapan a nuestra comprensión humana. Sin embargo, existe una esencia común que, al interactuar con ella, nos acerca a esta idea de "iluminación".
En esta búsqueda, he encontrado paralelismos con la concepción pitagórica del número, visto como el origen de la existencia y la forma más pura de realidad. La geometría, que subyace en todo lo que nos rodea, desde las matemáticas hasta la biología, representa el camino hacia lo divino. Hace poco, mientras trabajaba en una obra, experimenté un estado de éxtasis que surgió al confrontar mis propias concepciones mentales. Este proceso me llevó a lo que denomino "singularidad consciente", un estado en el que la mente humana se libera de sus limitaciones para acceder a un flujo infinito de creatividad.
Al sumergirme en este flujo, comprendí que mis sentidos actúan como herramientas. Una analogía que me ayuda a entenderlo es imaginar los sentidos como "guantes" que guían nuestra atención, que es la "mano". Aunque normalmente usamos cada sentido por separado, he descubierto que es posible utilizar la capacidad de un sentido para interpretar la información de otro, lo que abre nuevas posibilidades de percepción.
En resumen, mi arte busca capturar un fragmento de este "dorado", un instante en el que no solo existe información visual, sino una complejidad de niveles sensoriales y conceptuales. Es una representación del acercamiento a la trascendencia, a la esencia de la realidad misma, en la que la geometría, la evolución y las interacciones químicas se entrelazan para revelar el origen de todo lo que somos.